domingo, 26 de agosto de 2018

El primer día hacia nueva etapa



Era el martes 2 de agosto cuando fue el primer día hacia una nueva etapa más de mi vida, en que iniciaría una faceta que costaría tres años de mi existencia, pero que al final de todo valdría la pena.
En primera, la preparatoria es un gran cambio para todos los estudiantes que vienen de secundaria; pero, en mi caso, era totalmente diferente, pues yo además procedía de otra escuela.
El cambio de mi antigua escuela fue muy duro para mí, ya que mis antiguos compañeros siguieron sus caminos a diferentes preparatorias, Como yo, también tome una ruta diferente a la de todos ellos.
Mi antigua escuela era de gobierno, llamada Secundaria Técnica Número 4. En ella pasé momentos muy importantes para mí, como cuando conocí a mis mejores amigos, que ahora los extraño demasiado.
El primer día de clases fue un poco difícil, debido a que no es nada fácil entrar a una nueva institución con completos desconocidos. Es triste que muchos de mis amigos, a quienes considero como una familia, se vayan y se cambien de escuela. Pero yo sé que nunca está de más hacer nuevos amigos y conocer a nuevas personas.
Cuando por fin sonó el timbre indicando que debíamos entrar a nuestro respectivo salón para iniciar la jornada, la escuela completa se transformó de alumnos a manada, pues todos empezaron hacerse bola fuera de las aulas.
Al ingresar a mi salón pude darme cuenta de que éramos muchos estudiantes para esa pequeña sala.
Entré algo temerosa y tomé el primer mesabanco de una fila. No soy muy buena socializando, pero por suerte conocí una nueva amiga, muy platicadora, y me alegro de que me ayude a ser un poco menos antisocial.
El primer día me pareció que pasó volando. Conocí a unas cuantas nuevas amigas, que ahora son con quienes me junto, aunque, la verdad, empecé a hablar con mis compañeros como una semana después de haber entrado. Y me siento muy alegre por eso. Pero claro que sigo sintiendo algo de tristeza al recordar que no es mi antiguo salón de secundaria.
Mi semana de inducción, en lo general, fue una experiencia muy emocionante para mí. Sentir entusiasmo al momento de pasar por la puerta de la preparatoria y sentir que ahora eres aún mayor de lo que eras en la secundaria, es un momento que te queda marcado. Como cuando fue tu primer día de primaria o de secundaria; el sentimiento es el mismo.
Mis expectativas de la prepa es que me vaya bien en lo académico, como también con mis amigos.
Aunque esto de expectativas es algo que yo creo innecesario, porque si tú te propones algo y estás dispuesto cumplir, lo harás. Sin embargo, también es algo que no podemos saber con certeza. Y para eso debemos navegar hacia lo desconocido, que es la prepa.
Hoy ya casi llevo un mes completo con mis nuevos compañeros, que ahora los voy conociendo un poco más cada día. También estoy haciendo un gran esfuerzo por cumplir con mis trabajos académicos y reconocer pequeños gestos de algunos profesores para saber qué pasa cuando hacemos algo indebido.
Cada día que transcurre en mi nueva preparatoria siento que soy más parte de ella, y sé que muy pronto estaré logrando mis expectativas, que en un inicio me había propuesto.
Y ahora lo único que falta es esperar a que las cosas pasen cómo tú esperas que salgan, y si es acaso que no nos benefician, sabremos que nos espera algo aún mejor.

Leí, leo, leeré y escribí, escribo, escribiré





Cuando era niña no me fascinaba leer. Digo, no era como si lo odiara, pero no tenía una opinión exacta de la actividad de leer, hasta que empecé a notar cómo mis hermanas mayores empezaron a hacerlo cada vez más y más, y me pregunté: ¿Qué tiene de divertido? Y me empezó a dar curiosidad. Me acuerdo de que estaba en quinto de primaria y tenía diez años, cuando quise a leer un libro por mi propia cuenta por primera vez.
Era de noche, cuando no tenía nada que hacer y estaba muy aburrida, y sabía que quería hacer algo; por una razón estaba ansiosa. Así que agarré un libro de mis hermanas que se llama Lovesick, que es el tercero de la saga de Ghostgirl. Solo sabía la historia del primero porque me la habían contado mis hermanas; pero, aparte de eso, no sabía nada. Pero igual no me importó y lo empecé a leer y leer, y me gusto hacerlo, aunque cabe decir que no lo terminé, me faltaron como diez o quizá quince páginas. No sé por qué no lo hice, pero nunca lo retomé.
Entonces fue cuando supe que quería leer un libro que fuera mío, quería comprar uno. Así que un día que mi familia y yo fuimos a Sanborns empecé a buscar libros que me interesaran, y simplemente lo vi. La portada me atrajo inmediatamente, y sé que lo importante de un libro es de lo que trata; pero en ese momento, aunque sí se veía interesante la trama, la portada hizo que me llevara a casa El circo de la noche, de Erin Morgenstern.
Después en sexto de primaria, cuando tenía once años, descubrí algo que se llamaban fanfics, que son básicamente novelas donde salen artistas que te gusten que escriban las fans. La idea es poder leer mil distintas historias donde uno de los protagonistas es alguien que tú admiras, aprecias y te importa, donde la historia puede ser alterna a la vida real y es un completo diferente contexto donde se narra. En fin, de esas leí centenares, de distintos artistas.
Esto me inspiró a escribir un cuento de ciencia ficción que se llama “¿Existe la perfección?” –que nos encargaron en la materia de Español en primero de secundaria–, donde uno de los protagonistas es uno de una banda que me gusta; pero, afortunadamente, nadie lo notó. Esa fue la primera vez que escribí algo y lo disfruté. Claro, hubo ocasiones en la primaria cuando tuve que escribir algo: un cuento, autobiografía, pero nomás lo hacía porque era para la escuela. Aunque esta vez también lo fue, pero entonces me di cuenta de que escribir era algo que me gustaba hacer.
También después escribí un poema que titulé “El país de las mentiras”, del que creo recordar ocho estrofas. Me gustaba escribir cada vez más. En ese año leí más libros, como Divergente, de la saga del mismo nombre de Verónica Roth; Pregúntale a Alicia, el cual es de autor anónimo; Y por eso rompimos, de Daniel Handler, y un libro que casi todos leyeron: Bajo la misma estrella, de John Green. Todos me gustaron mucho y me encantó haberlos leído.
En segundo de secundaria escribí más textos, porque en la materia de Español, cada vez que terminábamos un proyecto –el cual era como cada mes–, escribíamos un cuento o poema, más lo que ya habíamos escrito, que era el proyecto. Esta dinámica me gustaba bastante, porque era evidente que escribíamos mucho cada mes. Aunque había meses en que juraba que no tenía nada de inspiración y no tenía idea de qué escribir, pero después ya se me venía algo a la cabeza. Lo que más me gustaba crear eran poemas y cuentos.
Los que más me disfruté escribir fueron: un cuento llamado “La muerte de mi amigo”; una modificación que hice al cuento original de Cenicienta, que titulé “La dama de polvo y ceniza”; un poema titulado “Un montón de chicas bonitas”; otro cuento que escribí en segunda persona y del cual sinceramente no recuerdo su nombre; otro poema llamado “Cómo se puede olvidar”; un cuento histórico: “Ser alguien”, y un ensayo que se titula “La importancia de las caricaturas periodísticas” .
En ese año también leí el segundo libro de la saga de Divergente, el cual es Insurgente; dos obras que me encargaron leer en la clase de Ética, los cuales fueron El principito, de Antoine de Saint-Exupéry, y Ética para Amador, de Fernando Savater, que me gustaron bastante. Y, por último, debo mencionar al profe Carlos, que nos dio una antología de poesía llamada Todos los amores, la cual leíamos y analizábamos cada los viernes.
En tercer año de secundaria no escribí tanto como hubiera querido, pero sí produje algunos textos, como un ensayo, un poema que titulé “7 de febrero” –porque esa fue la fecha cuando lo escribí– y un cuento al cual le puse como título “Experimento A”, todos sobre el mismo tema: ¿qué es el amor?. Esos trabajos los hice para Español. Y terminé escribiendo oficialmente mi ensayo, igualmente llamado “¿Qué es el amor?”. No tan original, ahora que lo veo. Además, redacté otros ensayos, uno de ellos titulado “Congelación de óvulos, ¿la mejor opción?”. Escribí otros dos para la clase de Historia: “Una nación ideal, ¿algo inalcanzable para México?” y “En otra realidad, o quizá, la misma historia”. En la clase de Historia cabe decir que escribíamos bastante también: cuentos, cartas, etcétera. Y por último elaboré mi autobiografía.
En ese año no leí demasiado, para ser sincera. Pero por fin terminé la saga de Divergente, leyendo el libro Leal; además, leí el libro Ciudades de papel, de John Green. En Español nos encargaron la lectura de El lazarillo de Tormes, de autor anónimo, el cual primero se me hizo tedioso, pero al final me gustó. También nos encargaron leer otro libro, pero esta vez para la clase de Historia: el de El Periquillo sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, el cual estuvo entretenido. Y Un beso en París, de Stephanie Perkins.
Ya cuando entré a prepa no tenía Español, pero sí dos clases relacionadas con esa materia: Taller de Comprensión Lectora y Taller de Lectura y Redacción. En las dos leíamos y escribíamos cuentos u otros textos, pero donde escribíamos más era en la clase del profesor Carlos. Con él escribimos varios comentarios de diferentes textos, como videos, poemas, cuentos, etcétera. El primero que redactamos fue sobre nuestras expectativas de la preparatoria, que titulé Esperanzas,posibilidades, temores, perspectivas, inquietudes, probabilidades”. Otro texto que me gustó mucho escribirlo fue un relato ficticio basado en el cuento “Pedro y el hilo mágico”, de Robin Sharma; consiste en unas cartas y le puse el nombre de “El hilo de mi vida”.
En la clase de la profesora Marcela escribimos también textos. Los que más recuerdo, y me gustaron, son un cuento que titulé “Tic Toc” –sobre una niña con trastorno obsesivo compulsivo–, unas cartas de petición y los mejores recuerdos que teníamos de la secundaria.
En prepa he leído bastante, por un programa que se llama “Lectura por Puntos”, el cual consiste en leer una obra con un valor de un punto o medio punto; después se te hace una entrevista de lo leído y ya te otorgan el punto extra. Esto me gusta mucho, porque solo por hacer algo que me agrada me dan algo a cambio, que aumentará mi calificación en buena medida. Lo hice en cada periodo de estos dos semestres que acaban de pasar.
El primero fue Cartas desde el interior, de John Marsden. En ese periodo también leí una novela que nos encargó el profesor Báez, el cual fue Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, de Benjamín Alire Sáenz, lo cual agradezco mucho, porque la amé tanto que la leí en un día. El segundo fue Silencio, de Laurie H. Anderson; y en inglés también leí una compilación de tres historias, pero no recuerdo su título.
En el segundo periodo también me encargaron leer, pero esta vez fue el profesor Franco: Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En el tercer periodo no nos encargaron ninguna lectura, pero seguí en el programa de puntos, así que leí Lucas, de Kevin Brooks, y en inglés una versión muy corta de Frankenstein, de Mary Shelley. Por ultimo, en ese semestre leí El alquimista, de Paulo Coelho, solo por propio gusto.
En segundo semestre empecé con El despertar de la mariposa, de Mary E. Pearson, y en inglés decidí iniciar a leer la saga de Harry Potter, de J.K. Rowling. Así que en ese periodo leí el primero, que es Harry Potter y la piedra filosofal. En el segundo periodo no encontré títulos que me interesaran con el valor de un punto, así que leí dos de punto y medio: La niña, el corazón y la casa, de María Teresa Andruetto, y Dinky rojo sangre, de Marie-Aude Murail; en inglés seguí con la lectura de Harry Potter, a través de Harry Potter y la cámara secreta. En el último periodo me recomendaron otro, así que lo leí: Una visita inesperada, de Sonya Hartnett; en inglés leí Harry Potter y el prisionero de Azkaban.
Para finalizar, mi más reciente texto es esta mismísima autobiografía de todo lo que he escrito y he leído en mi vida.

Esperanzas, posibilidades, temores, perspectivas, inquietudes, probabilidades





Cuando estaba a punto de terminar secundaria no sabía que iba a estar tan emocionada de entrar a la preparatoria. Supongo que porque ya estaba harta de la secundaria. No me malinterpreten, me gustó mucho esa época de mi vida. Incluso, tercer, el cual pensé que iba ser el año más aburrido, fue el mejor.
Así que, aunque secundaria me había gustado demasiado, me la viví contando los días para las vacaciones. Y no solo las de verano, también las de invierno, semana santa. Bueno, ustedes me entienden.
Tengo que admitir que, cada vez que se acercaban más los cursos de inducción, mi emoción se disminuía, pues ¿quién no quería más vacaciones? Ese era el motivo de mi tristeza: solo tuvimos un miserable mes de vacaciones.
Pero, en fin, a pesar de que ya no quería entrar a la prepa, el curso de inducción dio inicio. Mis esperanzas de esa semana eran conocer nueva gente, intentar interactuar con las personas que no conocía.
Esperaba que tuviéramos de esas típicas actividades para conocernos todos mejor; sin embargo, nunca pasó. Sin importar eso, ese primer día logré hablar con algunos compañeros nuevos; no mucho, pero algo era algo.
En toda esa semana no hubo ninguna de esas convivencias que esperaba. Pero nos regalaron unas camisetas azul rey (como siempre), que decían “Salva” (obviamente) y, debajo de eso, “Generación 59”.
El curso de inducción terminó y ahora era la hora de entrar a la preparatoria. Cabe mencionar que nos acompañarían los estudiantes de tercer semestre.
Ahora me encuentro en otra semana de escuela, me voy acostumbrando a este ambiente, maestros, prefectos, reglas, etcétera. Ya estamos teniendo tareas, proyectos y llevamos apenas una semana. Honestamente, unos de mis temores son las tareas y trabajos. Muchos me han dicho que son mucho más pesados que los de secundaria.
También estoy algo, solo algo, preocupada sobre los exámenes, pues son de mucho valor. Ya sé que con cincuenta por ciento no es tanta la diferencia con otros exámenes que he tenido. Pero, vamos, en secundaria simplemente tenía dos o tres pruebas o parciales en la semana de exámenes. No se compara en nada a cómo van a ser los exámenes aquí en la prepa.
Pero en preparatoria, creo yo, todo es muy diferente. De todas maneras, lo único que sé sobre esta nueva etapa es lo que me han dicho mis hermanas.
¡Pero basta de inquietudes! También tengo grandes expectativas de este nuevo periodo que desconozco. Planeo no bajar mis calificaciones y mejorarme como estudiante, aunque sé que será más difícil esta vez.
Espero poder ir a todos los eventos culturales o sociales que presente esta escuela. No quiero perderme ninguno, no como antes lo hice antes en secundaria. Quiero ir a todos los rallies y participar en ellos, y deseo que se cumplan todos los comentarios que han hecho de ellos.
Y aunque suene algo tonto… quiero hacer más amigos. En serio, quiero conocer a más gente, quiero tratar con nuevas compañías, más personas.
Finalmente, mi expectativa más grande creo que sería vivir esa experiencia que todos tanto presumen, llamada “Experiencia Salva”. Que en verdad estos tres años de mi vida signifiquen algo realmente para mí.
No sé si mis temores, o, más importante, mis expectativas se cumplan, o si de algún modo lo superen de buena o mala manera. Pero no puedo esperar a averiguarlo.
Porque sé que, sin importar si tengo grandes temores, insignificantes esperanzas o pequeñas preocupaciones y gigantescas expectativas, esta etapa va a marcar mi vida. Y, finalmente, esta escuela y yo misma me van a preparar para el siguiente episodio que vendrá: la universidad. Pero, antes de eso, les aseguro que voy a disfrutar mi estancia en la preparatoria.

La aventura de leer y escribir




Todo empezó desde que supieron que ya venía en camino. Esa niña que ya tanto habían esperado. Mis padres decidieron escribir en algunos papeles mis posibles nombres, poniéndolos en un vaso, agitándolos y dejándolos volar libres. Fue entonces cuando uno cayó en mi vieja casa (el vientre de mi madre) y obtuve mi nombre.
Mis inicios en la lectura fueron algo nulos, me interesaban más en los dibujos. Creo que no era muy amante de lo intelectual, más bien de lo visual, atrayéndome más los libros de imagen. Recuerdo que me interesaba mucho en los dinosaurios. Eran fascinantes para mí, no podía creer que tales animales vivieron en nuestro planeta hace millones de años. Así que, como podrán suponer, tenía un libro sobre el tema, con bastante información. Pero lo que me llamaba la atención de esa obra era que mostraba la estatura del dinosaurio comparada con la del humano.

Primaria: libros “de bebés”
Siempre he sido alguien con mucha imaginación. Esto me llevó a interesarme un poco más en las historias, ya fuesen las que me contaban mis padres y mis abuelos o las que me hallaba en cuentos de hadas. Podía durar horas creando historias. Poco después, en kínder, aprendí a escribir y pude formar oraciones. En primero de primaria fue cuando por fin empecé a leer, pero, como estudiaba en Estados Unidos, no sabía más que lo que había aprendido en kínder, no era mucho. Eso hizo que me desinteresara bastante en la lectura y la escritura.
Pasaron los años y seguía igual: cada vez que miraba un libro lo evadía, para no podernos encontrar. Hasta que me cambié de escuela y me topé con un obstáculo para mí en ese entonces. Como parte de mi calificación final necesitaba leer cierta cantidad de libros, para así ganar puntos. Así que empezaba por lecturas de primer año, aunque ya estuviese en tercero. Mi madre siempre me decía que leyera, pero lo que yo quería hacer era todo, menos leer.
Esta dinámica de leer seguía conforme pasaban los años, y, como poco a poco me fui acabando los libros de bebés (por así decirlo), tuve que leer unos libros un poco más adecuados a mi edad. Fue ahí cuando descubrí uno de lo más encantador para mí: El diario de un niño en apuros. Tenía todo lo que a una niña de cuarto o quinto le podría interesar. Me identificaba bastante con este libro.
En quinto y sexto el resto fue historia. Leía por diversión, leía cuando me aburría, me gustaba. Me imaginaba cada palabra del libro y era como una película para mí.

Secundaria: escribir en español
Fueron mis mejores años como lectora y mis principios como escritora. En primero descubrí mis dos libros favoritos de la historia. Uno de ellos, El principito. Aunque lo había leído varias veces, descubrí que nunca me cansaba de leerlo; aparte, me enamoraba una y otra vez. El otro libro lo descubrí en esos años; fue escrito por mi autora favorita, Louis Duncan: Locked in Time.
En primero y en segundo hacía demasiados escritos. Dejaba volar mi imaginación y ponía mis pensamientos en papel. Era una sensación increíble. Incluso, llegué a crear una obra.
Tercero fue mucho más calmado con la escritura y la lectura. Pero representó un reto para mí, ya que fue mi primer año en el Instituto Salvatierra y mi primer año en México. Cambiar mis pensamientos a español fue difícil al principio; claro, sin mencionar también la lucha constante de escribir en este idioma. Pero sobreviví y lo pude superar.

Preparatoria: una nueva aventura
Primero y segundo semestres fueron un reto interesante, porque yo no solo estaba escribiendo y leyendo en inglés y español, sino también en francés. Pero lo logré y me encantó cada instante.
Ahora estoy más que lista para lo que viene. Estoy emocionada por esta nueva aventura que habrá para mí. de leer y escribir aún más.

lunes, 6 de agosto de 2018

Una obra única y esencial: "Demian"



Francia Anaís Muñoz Aguilar


Hermann Hesse fue un escritor y poeta alemán nacido en 1877. En este texto comentaremos su obra Demian, protagonizada por un joven llamado Emil Sinclair, que fue el primer éxito del autor, publicado en 1919. En 1946 Hesse recibió el Premio Nobel de Literatura y en 1962 falleció en Suiza.

La novela inicia narrando la infancia de Sinclair y nos habla sobre su primera experiencia en el “mundo malo”, cuando se deja llevar por la influencia de Franz Kromer, quien lo presiona para que haga cosas indebidas, como robar.
En el desarrollo del relato llega Max Demian a la vida de nuestro protagonista, ayudándole a deshacerse de Kromer, creándose así su amistad, llena de aprendizajes. Demian hace que Sinclair tenga una nueva perspectiva sobre muchas cosas en su vida. Después este crece e ingresa a un internado, en el cual cae en el mundo del alcohol, hasta que una bella dama –a quien llama Beatrice– lo ayuda a dejar todo eso. Posteriormente conoce a Pistorius, un organista de una iglesia que le enseña a seguir sus sueños; al igual que Demian, Pistorius se convierte en un guía para él.
Sinclair siempre sueña con una mujer, a la cual decide buscar por toda Europa. Sigue buscando hasta que entra a la universidad, donde se reencuentra con Demian y se da cuenta de que la mujer de sus sueños, que tanto buscaba, es la madre de su amigo. Se enamora de ella, pero la guerra comienza.
Emil Sinclair es, pues, nuestro personaje principal, además de que él mismo narra toda la historia.
Los personajes secundarios son Max Demian, Frau Eva, Pistorius, Franz Kromer y Beatrice. Todos ellos son esenciales para que el protagonista pueda llegar a su objetivo, el cual es conocerse a sí mismo.
El personaje de Emil Sinclair demuestra que es una persona especial, pues veía el mundo de una diferente perspectiva, además de que tenía bastantes pensamientos filosóficos. También el libro nos demuestra lo solitario que es este joven. Uno de sus defectos que se hacen notar en la novela es que se deja influenciar fácilmente; pero, a pesar de eso, gracias a Demian, entre otras personas, logra saber lo que quiere.
El tipo de narrador que se emplea en la obra es el protagonista, y lo podemos ver claramente en la siguiente cita textual:
Salté de la cama, me planté delante del retrato y lo miré de cerca, directamente a los ojos, dilatados, verdosos y fijos, uno de los cuales, el derecho, estaba más alto que el otro.
El tiempo en el que sucede la novela es aproximadamente principios del siglo XX, poco antes de que ocurra la Primera Guerra Mundial: “Estalló la guerra y Demian partió singularmente cambiado, dentro de su uniforme y su capote gris”.
La atmósfera que se transmite es de nostalgia y soledad:
El extraño vacío y la soledad que por primera vez sentí durante las vacaciones después de la confirmación –luego se me haría muy familiar este vacío, este aire enrarecido– no desaparecieron tan de prisa.
El método narrativo que se usa en la obra es el ab ovo, ya que se empieza contando desde el principio (la infancia de Sinclair), en orden cronológico.
El tiempo narrativo es el retrospectivo:
Le miré aturdido. En lo que decía había seriedad e inteligencia, como siempre; pero ninguna ternura, sino más bien severidad, justicia o algo parecido. No supe qué decir. Me parecía tener un mago ante mí.
La función de la lengua emotiva es empleada de la siguiente forma: “Sentía que nadie podía amarme y así me desagradaba profundamente a mí mismo”. Mientras, en la función poética se utiliza la metáfora:
Ella era un mar en el que yo desembocaba. Era una estrella y yo otra que caminaba hacia ella; y nos encontrábamos, nos sentíamos atraídos mutuamente, permaneceríamos juntos, girando dichosamente el uno en torno al otro en órbitas próximas y armónicas.
Demian me pareció un libro bastante interesante y muy importante, porque habla principalmente sobre el autoconocimiento y su importancia en la existencia. También nos enseña nuevas perspectivas sobre diversos aspectos de la vida, así como la religión, el amor, entre muchas otras cosas.
Al leerlo me percaté de que contiene bastantes reflexiones y pensamientos, e incluso algunas veces el narrador se desvía de la trama. Es por eso que, a pesar de que el libro no es muy extenso, podemos tardar un tiempo en leerlo, si lo queremos comprender bien. Sin duda es una obra única y esencial.

Referencia:
Hesse, H., Demian. Disponible en: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2011/Demian.pdf

(Tercer semestre de preparatoria, 2017)