miércoles, 28 de diciembre de 2016

El increíble logro de unas cuantas letras



Desde que nací mis padres me leían para entretenerme. Me contaban que me gustaba mucho cuando lo hacían. A mis dos años me compraban muchos libros; recuerdo que algunos eran de Elmo, y esos eran los que más me atraían. Ellos me los leían o yo hacía como si los leyera, inventando mi propia historia, ya que en ese entonces no sabía leer.
En cuanto a la escritura nunca fui de esas personas que les gusta, ni de pequeño me llamó tanto la atención. Miraba cómo mis familiares escribían, ya fueran mis padres, primos o hermanos mientras hacían sus tareas. Solo me preguntaba cómo era que escribían tanto, cosa de la que me fui dando cuenta conforme el paso de los años.
Algo que sí me gustó mucho de pequeño fue jugar a la escuelita con mis primos, y mi prima la mayor de todas me enseñó bastante, pues ella sabía leer y escribir.
Cuando tenía seis años ya había pasado a primer grado de primaria. Fue una nueva etapa, que disfruté mucho, porque fue cuando desarrollé más mi lectura y escritura, ya que antes escribir era lo que más se me dificultaba, porque –como ya dije– nunca fui una de esas personas que les interesa la escritura.
Los cuatro primeros grados de primaria me sentí muy inclinado hacia la lectura, pues siempre la practicaba; me agradaba bastante, porque era algo nuevo y aprendía gran cantidad de cosas. Cada viernes pedía un libro a mi profesora, pues en el salón teníamos un “rincón de libros”, los cuales podías tomar con su permiso. El que más me interesó fue uno que trataba sobre el águila que está devorando a la serpiente, y la historia del símbolo patrio de nuestra hermosa bandera.
En primaria también me atraía leer con frecuencia acerca de los niños héroes –que era mi tema favorito desde el jardín–. Nunca tuve un libro sobre eso, pero en la computadora de mi hermano mayor buscaba textos al respecto, ya que me encantaban. Mi sueño era visitar el Castillo de Chapultepec, aquel tan nombrado en todas las narraciones; y ese sueño se me cumplió en el 2012, cuando acudí a un nacional de basquetbol.
Desde que pasé a la secundaria poco a poco he perdido el interés por la lectura, aunque entonces fue cuando más libros leí, en primer grado. Fueron exactamente cinco: cuatro de ellos eran de la serie de El diario de Greg; y del otro no recuerdo su nombre, pero es uno que me maravilló y que en ningún momento quería abandonar. Igualmente perdí interés por la escritura, pero siempre estoy tratando de recuperarlo de alguna manera.
Para seguir leyendo sin comprar libros entro a internet a buscar relatos, también leyendas; pero trato de que sean de terror, porque es mi tema preferido en estos momentos. Eso es lo que más me entretiene y puedo durar horas en su lectura.
Espero que leer me vuelva a llamar mucho la atención en la preparatoria, como en la primaria, ya que es algo increíble, porque mientras lees te vas imaginando toda la historia, e incluso puedes soñar con los ojos abiertos. Es asombroso cómo solo unas letras pueden lograr tal cosa.


lunes, 26 de diciembre de 2016

Gritos de agonía en La Cachanilla



Todo comenzó en 1989, cuando en la ciudad de Mexicali la economía se encontraba en su máximo esplendor. Era la época en la que se construyó la plaza La Cachanilla, donde todas las familias mexicalenses pueden pasar un bello domingo (después de misa), echando un vistazo a los aparadores, disfrutando de una rica comida y de vez en cuando comprando unas cuantas cosas necesarias.
Aquella plaza es una buena manera de ver transcurrir el tiempo, pues es un lugar agradable y con un ambiente muy sano. El problema comenzó con el rumor de que en las noches se escuchaba una voz un tanto terrorífica que gritaba en agonía. Los veladores siempre escuchaban ese grito; sin embargo, por miedo a que les pasara algo, no averiguaban de dónde provenía.
Se relata que en una ocasión, después de unos cuantos cambios de veladores, uno de los nuevos, que era joven y aventurero, se decidió por averiguar la procedencia de esos gritos. Se acercó al área de comidas y, con la boca abierta, vio pasar frente a él lo que nunca imaginó: la aparición de una mujer blanca como la nieve. El muchacho quedó impactado ante tal suceso.
Después de unos cuantos meses, comenzaron a correr versiones de quién es la mujer que en las noches aterroriza a los veladores.
Se dice que aquella mujer proviene de tiempos más antiguos, cuando en Mexicali el PRI tenía en sus manos el poder y estaba por finalizar la época del oro blanco. Cuando la famosa Jabonera del Pacífico estaba en crisis total y se encontraba a punto de cerrar.
La fábrica en sus tiempos de gloria había dado empleo a muchos hombres, ayudando a la economía de la ciudad. Atrás de aquella empresa se encontraba una colonia habitada por muchos de sus trabajadores. Entrando los años ochenta y ya sin la Jabonera en funcionamiento, muchos empleados se mudaron, buscando casa un tanto más céntrica.
Se dice que en una de esas viviendas residía una pareja de recién casados, muy enamorada. El hombre era alto, grande, de tez morena, tosco y brusco. Celaba mucho a su querida esposa, pues ella era muy bella y antes de él tuvo muchos pretendientes.
La mujer era de tez blanca. Tenía cabellera negra y grandes ojos verdes; era muy querida por toda la colonia, pues siempre se encontraba ayudando a sus vecinos. Se cuenta que su esposo todos los días salía de su casa a las siete de la mañana y regresaba a las seis de la tarde.
El señor era muy violento, pues al llegar siempre estaba enojado, pensando que su amada lo estaría engañando, pues él nunca se encontraba en su casa y ella era demasiado bella para quedarse todo el día sin compañía. Él ya tenía algunas sospechas con algunos vecinos; sin embargo, nunca había encontrado a su esposa en el acto infiel.
Pasaron meses en los que el hombre llegaba con aquella intuición a su hogar, y se dice que no fue hasta que salió más temprano del trabajo cuando encontró a su esposa con aquel vecino del que había sospechado desde hacía meses.
En ese momento se encontraba pasando por la calle una mujer de unos ochenta años de edad que vivía a una cuadra de la pareja. Ella escuchó los gritos y se asomó a observar qué ocurría. Vio cuando el hombre, con rabia, tomó a su esposa a la fuerza, y ésta, en un mar de lágrimas, suplicaba que la soltara.
Se dice que el hombre fue visto con su mujer por última vez en aquel terreno donde había funcionado la Jabonera. Se cree que él, entre sus enojos y celos, acabó con la vida de su esposa en aquel lugar, dejándola abandonada ahí. Es por eso que ahora el espíritu de aquella joven ronda por las noches entre tristezas y llantos, pidiendo a su amado una última oportunidad.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Oda al "Oso"



Oso querido,
Oso adorado,
te lanzo un juguete
y brincas de lado.

Ladras mucho
para salir
y ladras más
para entrar.

A la hora de dormir
siempre buscas tu lugar,
pero en las noches frías
conmigo quieres estar.


Infinita



Aylin odiaba su vida, creía que era muy sarra, ¡se le hacía tan aburrida! No le gustaba nada, muy difícil era esa morrilla. Además, nunca tenía dinero para salir, porque su familia era muy pobre, con sus padres trabajando en el fil.
Un día iba para Calecia. Ahí tenía mucha familia y a su mamá le gustaba mucho comprar ahí su mandado, aunque Aylin no sabía por qué; simplemente no le importaba.
Desde un tiempo le dolían mucho los huesos y también el cuerpo. Iba mucho al doctor en Chicali, pero nunca en El Centro. Entonces ese día, después de ir al mandado, su mamá decidió llevarla a El Centro con el doctor. Cuando llegaron al hospital metieron a Aylin a un cuarto para hacerle unas pruebas. Una hora pasó y ella seguía esperando los resultados.
Cuando entró el doctor, le dijo a Aylin: “Mija, ¿hace cuánto tiempo que no vienes al doctor?”. Aylin respondió: “Unos meses, doctor. ¿Por qué?”. “Mija --le explicó el  médico--, tienes tres tumores situados en tu espalda. Pero no te preocupes, todo estará bien”. Hizo una pausa y continuó: “¿Has escuchado de un tipo de tratamiento que se llama quimioterapia?”. Por un momento Aylin se quedó completamente callada. No podía pensar en las palabras para decir algo. Entonces empezó a llorar y el doctor salió del cuarto.
Los meses pasaron y Aylin seguía empeorando. Mientras tanto empezó a valorar su vida y realmente pensar en el poco tiempo que le quedaba. Llegó el día en que supo que no le quedaba más tiempo, a pesar de que los doctores decían lo contrario. Sin embargo, ella lo sabía, ya que había escuchado al médico hablando con sus padres.
Aylin ya sabía que se iba a morir, por lo cual decidió pedirle a sus padres que la llevaran a Rosarito. A ella le encantaba ese lugar, de hecho siempre quiso vivir ahí.
Le dijo a su mamá: “¿Qué piensas de Rosarito?”. Su madre le respondió: “Chiquita, no sé. No tengo ni una cora para el tratamiento, mucho menos para pensar en ir a Rosarito”. Aylin se agüitó.
Sin embargo, decidieron irse con el poco dinero que habían ahorrado. El siguiente día toda la familia partió. En el camino, aunque Aylin se sentía mal, estaba muy feliz. Le encantaban los viajes largos en carretera, escuchando música con sus audífonos, mirando las montañas y los carros pasar.
Se quedaron con su tía Michel. En cuanto llegaron a su casa y tras un “Aló”, se fueron a la playa. Aylin amaba la playa, le encantaba el mar y la sensación que sentía al estar ahí, se sentía infinita. Le encantó cada segundo que estuvo a la orilla del mar.
Pero se le acabó el tiempo y pronto empezó a ver la luz.
Ella, feliz en el cielo, sin sufrir. Ya estaba en paz y cuidando desde allá a sus padres y a todos los que amaba.


sábado, 24 de diciembre de 2016

En un día de febrero


Gabriel Adolfo Moreno Sánchez de la Vega

En un día de febrero
del Mexicali abrasador
cabía hasta un carguero
ya que el agua con su aspecto abastecedor
se llevó todo sin un pero.

Las familias de huir trataban
hacia el cercano Caléxico huían
todos juntos como manada caminaban
pero lo que no sabían
era que mientras se iban
muchas casas se destruían
mientras los niveles de agua subían.